Tengo el honor de conocer a Fede Merino. Entró en mi vida con una misión: intentar dar a conocer el trabajo fotográfico que en 1986 realizó en las entrañas de la entonces aún rugiente bestia de Altos Hornos de Vizcaya y que más de veinte años después, como le dijo su maestro Don Pío Caro Baroja, tenía que salir a la luz para recordarnos cómo fuimos y de dónde venimos para replantearnos, si acaso, hacia dónde queremos ir. Lo que nació como un trabajo fotográfico descriptivo del proceso de fabricación del acero en las postrimerías de la era de la siderurgia era pues, pasado el tiempo, un valioso documento sociológico que debía ver la luz para combatir nuestra amnesia crónica. La exposición en el CIHMA de El Regato, el DVD que editamos y todo lo que rodeó aquello fue algo mágico que recordaré mientras viva, pero fue, por encima de todo, la oportunidad de descubrir a una persona única.
Fede es un cazador paciente, un veterano de mil batallas que sabe que las mejores piezas se cobran después de merecerlo mucho. Su cámara lo acompaña a donde va y recoge en el aséptico entramado de píxeles y códigos binarios la esencia intangible de las cosas. Porque Fede no es un fotógrafo al uso, es un catalizador del alma de las cosas, grandes y pequeñas que, como por arte de magia, se congelan en el objetivo de su cámara y se transfieren con asombrosa verosimilitud al papel, al aluminio o a cualquiera que sea el soporte que elija. Sus trabajos para el Palacio Euskalduna, el Teatro Arriaga, su trabajo sobre Bermeo y el "arrantzale", sobre los campamentos saharauis o sobre "Los Desastres de la Guerra" de su admirado Goya nos hablan de las sensibilidad una persona que tuvo la fortuna de ser amigo de Chillida y de Oteiza y empaparse de la sencillez de los más grandes .
Pero en el fondo Fede es un creador; un creador que transforma la vida a golpe de click poniendo ante nuestros ojos la realidad de las cosas, para que nosotros, al interiorizarla, asimilarla y reelaborarla la transformemos, ya para siempre, en otra cosa que lleva parte de nosotros en sí misma de manera indeleble.
El proyecto más bonito en el que me he visto embarcado desde que soy Concejal de Cultura de mi pueblo (lo más bonito que puede ser un político, según Ernest Lluch) es "Barakalde - Un Año en la Vida de Barakaldo". Más de dos años de duro trabajo en los que Fede, acompañado de un grupo heterogeneo de fotógrafos "amateur" recorrió Barakaldo fotografiándola en todas sus esquinas, en todos sus momentos, en todas sus facetas... Miles de fotos, horas y horas de video que nos muestran Barakaldo como es, tal cual, entre 2009 y 2010. Imágenes que nos descubren lugares maravillosos de una ciudad que muchas veces recorremos atribulados, sin tiempo para descubrir la belleza de las pequeñas cosas y de las gentes que la habitan. Dentro de veinte años será un documento sociológico que reflejará cómo éramos y tal vez lo veamos con nostalgia o con asombro. Ojalá nos reconozcamos aún en esas imágenes y el tiempo no logre borrar nuestra inocencia y nuestra capacidad de sorprendernos. Dice Antonio Gala que le apena la gente que al ver una foto de su niñez no se reconoce en ella pues, si la infancia es la verdadera patria del hombre, qué duro debe ser sentirse un expatriado en tu propia piel.
Fede cree que para crecer se ha de crear. También que para crear se debe creer. Creer y crear son la base para crecer y nadie como un niño (y Fede es un niño que se reconoce en el hombre que es) para personificar el noble arte de crear. Por eso los niños lo maravillan hasta el punto de escribirle a Nahia, la niña nacida durante el proceso de creación de "Barakalde", cartas en las que le lega su saber, su sensibilidad y su cariño. Sin saberlo Nahia está recibiendo la mejor herencia que tal vez puedan hacerle jamás; videos e imágenes que cuando "lea" le hablarán de un mundo que fue y que, ojalá, aún siga siendo: el mundo de Fede, el mundo de la infinita nobleza de la vida cotidiana.
http://vimeo.com/user3902296
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