Arranco el año con la triste noticia del fallecimiento de
Colin McGeoch, escocés-barakaldés, profesor de inglés, hincha del Celtic de
Glasgow (su ciudad natal) y padre de dos hijos. Marchó de su tierra el día
después de que los Sex Pistols liaran la marimorena en la BBC y se casó con una
barakaldesa junto a la que montó "McGeoch School of English", una
academia por la que muchos pasamos aprendiendo "phrasal verbs",
preposiciones, vocabulario y sobre todo Humanidad. Porque Colin lo mismo te
hablaba del sistema electoral británico que del “poll-tax” que de las costumbres
culinarias británicas. Siempre educado, jovial y mordaz. De veras que lamento
su pérdida.
Un día nos habló de lo que en el mundo anglosajón se
denominan “New Year´s Resolutions”. Son esos propósitos de enmienda que todos
hacemos al comenzar el nuevo año, pensando, tal vez con cierta ingenuidad, que
con el eco de la última campanada nos desprendemos del viejo “yo” y emprendemos
un nuevo camino en cuyo discurrir enmendaremos todos los vicios, desidias y
abandonos que han plagado nuestra existencia durante el año que ya expira.
Todos tenemos propósitos de ese tipo: leer más, hacer deporte, prestar más
atención a la gente que nos quiere…
Yo he hecho los míos y pienso cumplirlos.
Al menos lo intentaré hasta el tañido de la última campanada de 2014. Uno de
ellos es recuperar este rincón de reflexión que abrí hace ya dos años y que he
abandonado lamentablemente. Como tantas otras cosas. Somos lo que dejamos atrás
tanto como lo que ansiamos encontrar a la vuelta de la esquina. Recuperando
viejos propósitos (“Old Year´s resolutions?”) nos damos un motivo de esperanza
a nosotros mismos: aún somos recuperables. Que no decaiga el ánimo: que todos
somos recuperables y todos somos necesarios.